|
|
comments (1)
|
Por: Gilvic Carmona-De Jesús
Psicólogo/Motivador
Que pensarías si luego de vivir toda una vida siendo una buena persona, quien ha cumplido con sus obligaciones humanas, morales y religiosas, dedicado al servicio de los demás, recibieras la noticia que tu única hija, con solo 17 años de edad le han diagnosticado cáncer de seno. Como si fuera poco, el médico dice que la enfermedad es muy agresiva, los resultados de los últimos estudios revelan que la condición ha avanzado rápidamente por lo que hay la necesidad de amputarle ambos senos. Ella una joven llena de energía, buena hija, hermosa, con el sueño de ser modelo. Por otro lado, recibes una carta donde te indican que has sido despedido de tu empleo. Este trabajo fue el único sustento de tu familia; siempre lo habías realizado con dedicación y empeño, tus evaluaciones de desempeño han sido de excelencia. Trabajabas aún estando enfermo, comprometido ciento por ciento con tu trabajo. Cuando piensas que nada más podría ocurrirte tú hijo Alberto te informa que su unidad la seleccionaron para ir a la guerra y solo tiene 21 días para disfrutar con sus familiares.
Muchas personas pueden decir que debemos aceptar la voluntad divina, pero también la religión nos enseña que los justos tendrán una mejor calidad de vida. Sin embargo, nos sentimos decepcionados con Dios, con la vida y con el destino, cuando las cosas suceden al contrario de lo que esperamos. Entonces reclamamos a la vida y nos preguntamos ¿por qué a mí? ¿Cuánto más debo hacer para tener una mejor calidad de vida? ¿Por qué esto no les sucede a los malos empleados, a los drogadictos, a los delincuentes o a los que hacen mal a otros? Tanta gente mala en el mundo y lo malo siempre le pasa a los buenos.
Pues bien, el hecho que nuestra conducta sea intachable no significa que cosas inesperadas habrán de pasar. Las situaciones ni son buenas, ni son malas, como tampoco escogen a los individuos. Estas ocurren como consecuencia natural de la existencia. Desde el momento mismo que venimos al mundo, la vida se convierte en un riesgo. Vivir es un riesgo incalculable en algunas áreas del quehacer humano, en el cual si bien es cierto existen algunos aspectos que podemos controlar, como por ejemplo los sentimientos, el pensamiento al igual que gran parte de nuestra conducta. Por otro lado, lo aleatorio también es parte de nuestra vida. Es aquello que se sale de nuestro control. Por ejemplo: tú puedes ser un conductor extraordinario, responsable y aún así no constituye garantía el sufrir un accidente automovilístico. Sólo podemos prevenir los sucesos fortuitos y prepararnos para afrontar algunos sufrimientos que pudieran ser inevitables.
Las enfermedades son realidades comunes de la naturaleza humana; no un castigo de la vida o de Dios por nuestros actos. De igual forma, los bienes que conservamos, no son una recompensa por nuestro buen comportamiento. Debemos siempre hacer el bien, no porque esperamos obtener el favor de nadie, ni siquiera el de Dios. Tenemos que hacer el bien porque es parte de nuestra obligación como Persona. Los seres humanos nos diferenciamos de otros seres vivos por la capacidad para razonar, para conocer, para ser feliz, pero sobre todo para actuar, este último (actuar) implica los otros dos. La felicidad máxima es poder moverse, hacer cosas: amar que sin lugar a duda, es el acto supremo de la vida humana. Comenzando por amarnos a nosotros mismos.
No debemos fijar nuestra atención en la búsqueda del por qué no fue lo que pudo ser, o por qué tengo esta enfermedad, o por qué si he sido un hombre bueno, trabajador y responsable me suceden estas terribles cosas. Debemos por el contrario promover una conducta reflexiva (qué puedo aprender de esta situación que me está pasando), debemos evaluar cómo observamos las situaciones ¿Esto es algo terrible? o por el contrario ¿qué herramientas poseo para sobre ponerme de esta tragedia? debemos darnos la oportunidad para ir en búsqueda de la dignidad, ¿cómo esta situación me lleva a alcanzar la libertad plena?
Espero que estas palabras te den una razón poderosa para no rendirte. Sigue adelante, cree en ti y en los que te rodean. Nunca olvides que lo difícil toma tiempo, lo imposible algo más. Recuerda que debemos vivir nuestra vida de tal forma que hoy sea mejor que ayer y que mañana sea mejor que hoy. Te exhorto a continuar con tus sueños, a buscar el bien de los demás, ha vivir una vida ética, de satisfacciones profundas y duradera; al fin y al cabo lo mejor de tener un día lluvioso es la esperanza que tarde o temprano el sol saldrá para todos.
|
|
comments (0)
|
By Gilvic Carmona-De Jesus, Counseling Psychologist & APA Member
In recent days I treated a mother of a four year old child that had been diagnosed with Autistic Spectrum Disorder (PDD-NOS). She spoke about how her life had suddenly changed and that in occasions she felt that life was unfair. She recalls how, as all mother’s do, she hoped her child would grow up to be an independent adult able to achieve a career and get married and have children of his own. But because of this diagnosis, she feared this would not be a possibility for him. She ended expressing that “however, even when at times it’s been difficult to accept my child is autistic, I know that with my love and the help of a specialist in the area my son will have the best life possible”.
Autism is a multidimensional pervasive disorder that disrupts children’s interpersonal relationship, and the ability to express their needs, communicate their feelings and desires and their capacity to learn in the traditional way. This disorder is usually associated to childhood; however, it will affect their interactions with others throughout their whole life. There is an array of characteristics associated with autism and every child diagnosed may possess different traits and still be diagnosed with the same disorder. For example, a child diagnosed with Asperger’s Syndrome may present mild autism signs compared with one diagnosed with Childhood Disintegrative Disorder. The Center of Disease Control and Prevention estimates autism is the third most common childhood disorder, following mental retardation and other cerebral related disorder. The World Health Organization states that autism frequently manifests during the first three years of an infant’s life.
The most common characteristics manifested by autistic children are: impaired social skills, problems with their verbal and non verbal communication, and difficulty expressing their needs. Other symptoms associated to this condition are difficulty understanding other people’s feelings and impairment to recognize universal social gestures; some children avoid physical approach like, sibling or family hugs and other people’s touch. These characteristics of autism, while common, are very difficult for parents to accept.
When a child is diagnosed with autism it is a very emotional and stressful moment in their parent’s life. This stressor acts in some parents as a tool that helps them raise to the occasion from which they raise to the occasion and become resilient parents. They turn what others would take as a “why me?” moment into one of “I can and I will”. This positive attitude helps them recover quickly from this difficult situation and
immediately look for ways to help their child. Being resilient is a powerful tool that helps people manage what otherwise would be a life shattering moment. Research has shown that resilience is ordinary, not extraordinary. It has to do with shaping behavior, thoughts, and attitudes which can be learned and developed by anyone. Resilient people view reality in a creative manner and have a positive attitude in solving problems and making decisions. Here are a couple of tools that can help you develop a resilient attitude that will enable you to deal with the diagnosis of your child: